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Leonardo Pardo (primera entrega)

11 01 2007 Post publicado en 2007 por Mariano 
La cafeína no le permitía dormir, el ruido del viento no ayuda en esos casos y nuevamente ese vacío en el pecho. Encendió otro cigarrillo y se levantó, ¿para qué estar solo en la cama si no vas a descansar?, pensó.
Miércoles, 3:00 de la madrugada, el auto elige el único lugar de la ciudad para desvelados. Optó por la “casita” en la que menos parroquianos había, el boliche no tenía lujos ni higiene, detrás de la barra reinaba una cincuentona gorda que daba órdenes sin mover un dedo y a la espalda de ésta un enorme espejo tenía la misión de disimular lo pequeño del local y hacer que se vean el doble de las botellas que realmente había. Leonardo pidió un Criadores y en la rockola hizo sonar esa que dice “Golondrina si sabes volar…”.
Otra vez la duda que cada vez se parecía mas a una certeza, mientras hacía girar los hielos con el índice de la mano derecha, pensó -Ser maestro jardinero no es para mi- tan concentrado estaba que no notó que una prostituta entrada en carnes reclamaba una copa.
No aguantaba a los niños, y los últimos tres años ejerciendo la docencia en el nivel inicial habían minado su caracter. Era un hombre destruído con una última oportunidad que se empezaba a gestar, y él no la dejaría pasar.
Un peón chileno recién bajado del campo mostraba su borrachera sin tapujos y molestaba impúdicamente a la puta más joven del burdel, quien después de sacarle la quincena no encontraba motivos para soportarlo. En un momento la chica se sacó de encima de un empujón al peón que terminó derramando su trago sobre el maestro jardinero arrepentido. Leonardo hizo que perdiera el conocimiento con una certera patada al mentón, capacidad adquirida en la escuela de karate y crecimiento espiritual del maestro Ouh Chal Zung. Había dejado la escuela del sabio oriental hacía ya unos años, cuando el maestro le aconsejó dedicar su vida a los niños para terminar “la misión que daba sentido a su existencia”, según palabras del anciano al despertarse de una siesta e interpretar el sueño reciente, justo antes de correr hacia la quiniela. Más adelante se explicará con más detalle la trayectoria de Ouh Chal Zung.
La muchacha abrazó a su héroe y sin más le pidió una copa. Debió abonar $400,00 para llevar a la doncella a su departamento, sumadas las copas de la dama y las propias que eran bastantes al momento de irse, la cuenta era importante. Así y todo la tarjeta de débito soportó el golpe pero ya no tenía resto y faltaban 21 días para cobrar el próximo sueldo, todo esto sucedió la madrugada del 9 de noviembre. Esa noche no le importó, sentía que algo estaba por cambiar en su vida.
El sol de las 6 de la mañana apuñaló sus ojos y los de Jenifer que aferrada a su brazo esperó que el caballero abra la puerta del R12 blanco y tire para atrás unos rollos de goma eva que estaban en el asiento del acompañante. A las 6:19 estaban en el departamento de Leonardo, a las 6:35 Jenifer comenzaba a brindar el servicio abonado y a las 6:39 ambos dormían sus respectivas borracheras.
Al despertar a las 14 horas no sintió remordimientos por no haber ido a cumplir su labor al jardín, mas o menos a las 10 de la mañana se había levantado a desconectar el teléfono que no paraba de sonar.
Con la magia de los cuentos de hadas la doncella se convirtió en una especie de sapo, ojos saltones, cara redonda y cutis irregular. Leonardo preparó café y en la charla inevitable el batracio mostró que sus modos eran vulgares y ordinarios. Sin embargo Leonardo Pardo a sus 32 años sintió por primera vez un cosquilleo en el estómago al hablar con una mujer. También podía ser la resaca.
Jenifer le contó que tenía 18 años y cambió totalmente el discurso de la noche anterior, en el burdel había dicho que se peleó con el padre y que estaba trabajando en ese lugar para pagarse los estudios, que era un infierno que debía soportar para cumplir sus sueños, en los que se veía como una abogada exitosa y madre de familia. Como si el café fuera el elixir de la verdad la joven prostituta confesó esa tarde que dejó de estudiar en segundo año y se hizo puta porque notó que como aficionada tenía una gran virtud y debía explotarla. También dijo que no se arrepentía de nada y que solo le molestaban los malos tratos de la Nelly, la madama del puterío donde trabajaba.
La conversación se estiró y salió a la luz que Jenifer guardaba unos ahorros y que su verdadero sueño era independizarse y manejar su propio quilombo.
Un torbellino de ideas invadieron la confundida mente de Leonardo: la directora del jardín llamando enfurecida, los ahorros de Jenifer, vender el R12, un traje tornasolado blanco con corbata negra y zapatos de charol, el peón noqueado y la sabiduría de Ouh Chal Zung. Por un momento perdió hasta el equilibrio y estaba convencido de haber encontrado su vocación, también podía ser la resaca.

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